Deshonras a DIOS y honras al hombre


INTRODUCCIÓN

24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. 26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.

Éxodo 4:24-26

Voy a contarte una historia que nos hará entender como es el corazón de Dios en este asunto de honrar o deshonrar.

En el capítulo 3 del Libro del Éxodo, Dios se le aparece a Moisés en una zarza ardiendo y le dice:

Éxodo 3:9-10 “9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.”

Dios aquí le da la encomienda de ser el libertador del pueblo de Israel de las manos opresoras de Egipto. Y entonces, Moisés toma a su mujer, que se llamaba Séfora, que era hija de Jetro, quien era sacerdote de Madián, que una región que estaba al norte de África, colindando con Asia, solo para poner en contexto que ella era gentil, no era hebrea. Entonces Moisés toma a su esposa africana y a sus dos hijos, los pone sobre un asno y comienzan el camino de regreso a Egipto, y en el verso 24 del capítulo 4 pasa esto:

Éxodo 4:24 “24Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.”

Le acaba de dar la encomienda y de pronto, en un tiempo de descanso en el camino a Egipto, Dios le sale al encuentro a Moisés y quiere matarlo.

¿Qué hizo Moisés para que Dios quiera matarlo? ¿Dios es bipolar, un día ama a Moisés y al otro día, literalmente lo quiere matar?

Claro que no, pero necesitamos entender el corazón de Dios, porque si no entendemos el corazón de Dios, no entenderemos porque quiso matar a Moisés.

Sigue diciendo la Escritura en el verso 25:

Éxodo 4:25-26 “25Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. 26Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.”

La Biblia no narra que pasó antes, pero lo que se da a entender, y que la mayoría de los teólogos y eruditos que han estudiado este pasaje están de acuerdo, es que aquí hubo un pleito matrimonial. De alguna manera, pareciera que Séfora impidió que Moisés circuncidara a su segundo hijo.

Tal vez le dijo Séfora: “Tú y yo nos casamos sabiendo que éramos de diferentes pueblos y diferentes culturas, nuestro primer hijo está circuncidado y es hebreo, pero este será Madianita.”

Y Moisés, tal vez, por no hacer pleito, por mantener “la paz en el hogar” lo aceptó, pero Dios sabía que Moisés no podría ser el libertador de Israel si él no cumplía con la parte del pacto que Dios hizo con Abraham cuando le dijo:

Génesis 17:10-11 “10Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. 11Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 

Circuncidar a sus hijos no era opcional para Moisés, era la señal del pacto con Dios, y al no hacerlo, Moisés estaba deshonrando a Dios.

Tal vez Dios envió a un ángel que lo hirió de muerte con alguna enfermedad incurable, un ataque al corazón, o lo estaba ahogando, no se sabe, pero al ver Séfora que Moisés se estaba muriendo, y conociendo quién era el Dios de Moisés, corre, toma una piedra afilada y lo circuncida, corta el prepucio de su hijo y lo avienta a los pies de a Moisés para salvarle la vida.

Cuando ella le dice ahora eres mi esposo de sangre, es porque eso se decían cuando eran hermanos de sangre porque uno había salvado la vida de otro, “te salvé la sangre” y en la sangre está la vida, entonces, ahora somos hermanos de sangre, porque te salvé la vida. Eso quiso decir Séfora, ahora soy tu esposa de sangre porque te salvé la vida delante de tu Dios.

Moisés por mantener la paz en su hogar deshonró a Dios y eso casi le cuesta el privilegio de ser el libertador, su llamado y, en este caso, hasta la vida.

Cuando tú o yo deshonramos a Dios, Dios lo va a tomar muy en serio, nos va a costar la vida fuera del reino.

Otra historia: La deshonra de Elí.

Elí, que era sacerdote, en los tiempos de Samuel, deshonraba a Dios por permitir que sus hijos hicieran lo que ellos querían, no los estorbaba y mire lo que le pasó:

(NVI) 1º Samuel 3:11-17 “11 —Mira —le dijo el Señor—, estoy por hacer en Israel algo que a todo el que lo oiga le quedará retumbando en los oídos. 12 Ese día llevaré a cabo todo lo que he anunciado en contra de Elí y su familia. 13 Ya le dije que por la maldad de sus hijos he condenado a su familia para siempre; él sabía que estaban blasfemando contra Dios y, sin embargo, no los refrenó. 14 Por lo tanto, hago este juramento en contra de su familia: ¡Ningún sacrificio ni ofrenda podrá expiar jamás el pecado de la familia de Elí!”

La Biblia narra que los hijos de Elí pecaban en gran manera, se acostaban con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo y tomaban la carne del sacrificio antes de que el sacerdote la ofreciera a Dios, no respetando el sacrificio al Señor. Y Elí solo les decía que no lo hicieran pero no los estorbaba, no evitó nunca que lo hicieran.

Si por mantener la paz en tu hogar, con tu esposo o tus hijos, o en tu trabajo, deshonras a Dios, te estás metiendo en serios problemas, podrías estar cerrando la puerta del reino para ti y tus generaciones. Es un precio demasiado alto ¿No crees?