¡Ya no puedo más!

Objetivos

  • Recordar cual es el camino para mantenernos o volver a JESUCRISTO.

Teto

29 Cambia la tempestad en sosiego,
Y se apaciguan sus ondas.
30 Luego se alegran, porque se apaciguaron;
Y así los guía al puerto que deseaban.

Salmos 107:29-30
RV60

29 Calmó la tormenta hasta convertirla en un susurro
    y aquietó las olas.
30 ¡Qué bendición fue esa quietud
    cuando los llevaba al puerto sanos y salvos!

Salmos 107:29-30
NTV

Tenemos un Padre misericordioso y amoroso ¡Alabado sea el Señor! Jehová Dios debe ser nuestra principal fuente de fortaleza, pues es nuestro Padre, amigo, consejero, salvador, médico, intercesor y refugio, definitivamente la presencia de Jehová es imprescindible para nuestras vidas.

Entonces, dejemos de huir de Él, dejemos de valernos por nuestra propia prudencia y dejémoslo entrar a nuestras vidas, Jehová quiere participar en cada una de nuestras decisiones, en cada parte de nuestras vidas, quiere que le permitamos obrar en nosotros.

Él nos ofrecer calmar la tempestad más fuerte que estemos atravesando y transformarla en sosiego, paz y serenidad.

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

Efesios 6:11

Pero no solo nos promete ayudarnos a aquietar la marea, también nos promete apaciguar nuestra alma quebrantada y guiarnos al puerto, guiarnos hacia la tierra firme donde encontraremos la sanidad, el amor, la esperanza, la motivación y la fortaleza que necesitamos para transformar nuestras vidas.

¡Qué maravilloso es el Señor! No calma la marea para luego abandonarnos a nuestra suerte, todo lo contrario, Él sabe que la tormenta hizo que perdiéramos el rumbo y nos desorientó, por eso toma el timón de nuestro barco y nos conduce a tierra firme, no sea que por quedar vulnerables en los mares peligrosos nos atrape otra tormenta, así que se asegura de ponernos a salvo.

Permitámosle a Jehová calmar la tempestad que guarda nuestro corazón, permitámosle que tome el control de nuestra vida y nos conduzca a nuestro bienestar, dejemos de permitir que las tormentas nos atrapen, digámosle a Dios “ya no puedo más sola (o), toma el control de mi vida y condúceme a tierra firme”. Dios te Bendiga.

¿Cómo me preparo para la batalla espiritual?

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

Efesios 6:13-18

Empezamos cada día vistiéndonos apropiadamente según el clima o la ocasión. Sin embargo, muchos creyentes salen de sus casas desprevenidos, porque no se visten adecuadamente para el combate espiritual. Por lo tanto, nuestra primera oración antes de levantarnos debería incluir una aplicación gradual, paso a paso, de toda la armadura de Dios.

Es en extremo importante para nosotros entender que estamos involucrados en una batalla real y que la meta del enemigo es nuestra destrucción. El diablo hace todo lo posible por socavar nuestra fe y estorbar nuestro progreso en la voluntad de Dios, poniendo obstáculos perjudiciales y trampas ocultas en nuestro camino. Pero podemos resistir sus tácticas sutiles y triunfar sobre sus estratagemas confiando en Dios, armándonos de su protección y obedeciendo al señor en cada área de nuestra vida.

1) Primero nos ceñimos con el cinturón de la verdad. Así como un mandil de cuero protegía el abdomen del soldado romano, nuestra faja protectora es la verdad de quiénes somos en Cristo: santos revestidos de poder sobrenatural por el Espíritu de Dios, quien mora en nuestro interior.

2) Encima de esto, la coraza de justicia nos protege de las flechas mortíferas del enemigo. Cada vez que surgen situaciones difíciles, podemos repeler la tentación de pecar o de vivir por las emociones, bien sea de enojo, temor o descontento, y en cambio podemos reaccionar de una manera que honre a Dios.

3) El apresto del evangelio de la paz nos ayuda a mantenernos firmes. Las sandalias de combate de los romanos tenían suelas gruesas y con tachuelas de hierro que le permitían al soldado anclarse en el suelo y permanecer fijo. Sin importar cuán violentamente nos ataque el enemigo, podemos permanecer firmemente plantados en el conocimiento de quienes somos en Cristo: santos redimidos e hijos del Dios viviente, con un mensaje importante para compartir con los perdidos.

4) El escudo de la fe no es una parte pequeña ni opcional de la armadura, es un salvaguarda de cuerpo entero que representa la protección de Cristo contra todo lo que el enemigo puede lanzarlos. Con la plena confianza en Cristo, encaramos cada batalla, sabiendo que él nos dará la victoria.

“La fe en la gracia de Dios que fue mostrada en la cruz nos trajo la salvación, el punto de intercambio de nuestro viejo hombre pecador por una vida nueva y eterna en el Señor Jesús.” En consecuencia,

5) con el yelmo de la salvación nos estamos poniendo la mente de Cristo, que nos da discernimiento y sabiduría.

6) Por último, empuñamos la espada del espíritu que es la Palabra de Dios, para que podamos combatir las mentiras del enemigo con la verdad y las promesas de las Escrituras.

Sabiendo con exactitud lo que vamos a enfrentar cada día, el Señor ha provisto en su gracia el equipo perfecto que necesitamos para afrontar todos nuestros retos. Por eso, cerciórese de haberse vestido apropiadamente para la batalla.