Abrió el camino a la Vida Eterna

  • El mejor día en la historia de la humanidad, es el día que resucitó Jesús.
  • La Resurrección de Jesus nos enseña que Dios no miente, que todo lo que se dijo acerca de Jesus se a cumplido y que aún hace falta su regreso.
  • Así como Jesús fue al centro de la tierra a dar evidencia a los del Antiguo Testamento que vino a pagar el pecado de todos los que creyeron que el Mesías vendría, así mismo DIOS al Resucitar a Jesús, nos da evidencia que vamos a la vida eterna junto a EL a todos los que hemos creído en sus promesas, en sus mandatos…
  • Los siguientes somos los que creemos y seguimos a Jesucristo.

23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

1 Corintios 15:23

INTRODUCCIÓN: UN BOLETO

Esta Resurrección nos debe impulsar a vivir una vida agradecida, tenemos un boleto que Jesus a pagado, solo estamos esperando la fecha del rapto de la iglesia para poder entrar a ese Tribunal de Cristo.

Sea que muramos o sea que Jesus venga, el boleto Jesus nos a entregado esta enseñanza acerca de la Resurrección nos anima a seguir adelante y no temer a la muerte pues sabemos que a sido Vencida por la Resurrección de Jesus y un día será destruida en el lago de fuego y azufre.

Vivamos pues como olor fragante siendo agradecido con Nuestro Gran Dios y con Nuestro Señor y Salvador Jesus viviendo en obediencia a la Palabra de Dios.


Al resucitar físicamente, Cristo triunfó sobre el pecado y sobre la muerte para que todos los que confíen en Él reciban nueva vida en este mundo y vida eterna en el mundo venidero.

Así como un día resucitaremos, así también un día este mundo será restaurado.

Pero aquellos que no confíen en Cristo recibirán la muerte eterna. 

La venida del Señor
13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

1 Tesalonicenses 4:13-18

La resurrección de Jesucristo lleva consigo muchas, muchas implicaciones maravillosas.

La primera es que vindica a Jesús.

En otras palabras, algunas personas pensaron que, si Jesús murió en la cruz, fue porque lo merecía. Fue declarado culpable por la corte romana. Y el Antiguo Testamento insiste en que cualquiera que sea colgado de un madero está bajo la maldición de Dios. Pero resulta que Él no murió como un hombre condenado por Su propio pecado. En lugar de ello, Él cargó con el pecado de otros, y ese sacrificio agradó tanto a Dios que Él lo resucitó de los muertos. Por tanto, Su resurrección es una manera de vindicarlo. Es evidencia clara de que cuando Jesús dijo: “Consumado es”, Dios estuvo de acuerdo. Su Padre estuvo de acuerdo. La obra de la redención había sido consumada y el Padre vindicó a Jesús mediante Su resurrección.

La resurrección también demuestra que el evangelio también tiene que ver con nuestros cuerpos como seres humanos.

En otras palabras, algunas personas piensan que nuestro estado final será un espíritu etéreo sin ninguna conexión a un cuerpo. Pero parte de nuestra creencia elemental como cristianos es que en el cielo nuevo y la tierra nueva, el destino final, el hogar de la justicia, no habrá solo existencia celestial. También habrá existencia terrenal. Será un cielo nuevo y una tierra nueva, y tendremos cuerpos resucitados como el de Cristo.

Ese es uno de los grandes argumentos de 1 Corintios 15. Pablo argumenta que si Cristo resucitó de los muertos en un cuerpo resucitado —que, por más extraño y sorprendente que nos parezca, podía ser visto y tocado, y hasta comía alimentos humanos— entonces cuando seamos resucitados en el día final, tendremos cuerpos resucitados iguales al Suyo. Ese es nuestro destino. Así que Su resurrección es la primicia de lo que es conocido como la resurrección general al final de los tiempos. Todos los hombres resucitarán, ya sea para vida o para condenación, porque somos personas esencialmente corporales.

 

Y con esto también viene una visión de la vida y de la existencia que va más allá de esta vida.

No debemos pensar que el cristianismo simplemente resuelve algunos problemas de nuestra vida presente. En cambio, la meta final va más allá de esta vida. Cuando envejecemos y se nos cae más cabello, la artritis comienza a afectarnos o sufrimos de demencia, de repente la resurrección comienza a parecernos una muy buena idea porque nuestra esperanza no es sobrevivir los setenta, ochenta o incluso los noventa años. Nuestra esperanza es finalmente tener un cuerpo resucitado como el de Cristo.

Y Él es la primicia; nuestro cuerpo ha sido asegurado por Él, y pronto le seguiremos para unirnos a Él en una existencia resucitada: una resurrección corporal en el nuevo cielo y la nueva tierra, el hogar de la justicia. Es por eso que 1 Tesalonicenses 4, el gran capítulo de la resurrección, termina con estas palabras: “Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras”