La ciudad de DIOS y la ciudad de la idolatría

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1/4 – Babilonia se origina con la Torre de Babel, el hombre queriendo estar en el lugar de DIOS
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2/4 – El sistema maligno de Babilonia la idólatra está en el corazón del hombre
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3/4 – El hombre siempre en busca de estar en contra de lo que DIOS dice
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4/4 – El SEÑOR nos da una nueva criatura y nos limpia de todo pecado
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Babilonia es la máxima expresión de lo que el hombre puede lograr. Donde el hombre rebelado en contra de Dios alcanza sus mayores logros, allí también se ven indicaciones de poderes malignos. Pablo habló del príncipe del poder del aire y “el dios de este mundo.”

Existe otra ciudad en la Biblia, que se contrasta con Babilonia: Jerusalén. Esta alude al señorío de Dios y a su morada con su pueblo; habla de armonía y paz con Dios.

La Biblia nos explica un conflicto dramático entre Jerusalén y Babilonia, entre el reino de Dios y los poderes malignos combinados con el humanismo.

Proliferación de la idolatría
(Jeremías 17.1-4)

  1. ¿Cuál es el pecado por el cual se acusa al pueblo
    de Dios en este pasaje bíblico?
  2. ¿Cuál es la consecuencia sobre la cual se le
    advierte al pueblo?
  3. ¿De qué
    maneras está fallando el pueblo de hoy
    al igual que en aquel entonces?
  4. ¿Cuál cree será la consecuencia?
  5. ¿Cuál es la responsabilidad nuestra al respecto?

¿Quién o cuál es la ramera de Babilonia / Babilonia misteriosa?

Parte de la visión de Juan en Apocalipsis, incluye una descripción simbólica de una entidad conocida como la «Babilonia misteriosa», o «La ramera de Babilonia». Apocalipsis 17:1-2 describe la visión: «Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación'». Apocalipsis 17:5 da su nombre: «Y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA».

De acuerdo con Apocalipsis 17:3, la prostituta en la visión está sentada sobre una bestia escarlata con siete cabezas y diez cuernos y «cubierta con nombres blasfemos». La bestia en este versículo es la misma bestia de Apocalipsis 13:1; la descripción es exactamente la misma: una bestia simbólica del anticristo, el hombre inicuo (cf. 2 Tesalonicenses 2:3-4; Daniel 9:27). Así, la ramera de Babilonia, quien sea o lo que sea, está estrechamente relacionada con el anticristo de los últimos tiempos.

El hecho de que se haga referencia a la ramera de Babilonia como «misteriosa», significa que no podemos estar completamente seguros de su identidad, aunque el pasaje nos da algunas pistas. Apocalipsis 17:9 dice: «Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer». Algunos comentaristas enlazan este pasaje con la iglesia católica romana, porque en los tiempos antiguos la ciudad de Roma fue conocida como «la ciudad sobre siete montes». Sin embargo, el versículo 10 sigue explicando que los siete montes representan siete reyes o reinos, cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido. Por lo tanto, la «ramera de Babilonia» no se refiere exclusivamente a Roma. Por el contrario, está relacionada con siete imperios mundiales diferentes (uno de los cuales es aún futuro).

Apocalipsis 17:15 enlaza a la ramera con «pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas». La ramera de Babilonia tendrá gran influencia en todo el mundo. Ella en algún momento va a ejercer dominio sobre el mundo, porque ella es «la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra» (Apocalipsis 17:18). No obstante, en algún momento los reyes que gobiernan bajo la autoridad del anticristo, se volverán a ella aborreciéndola y destruyéndola (Apocalipsis 17:16).

¿Puede resolverse el misterio de la ramera de Babilonia? Sí, al menos parcialmente. La ramera de Babilonia es un sistema mundial perverso, que durante la Tribulación será controlado por el anticristo. Los reyes de la tierra cometen «adulterio» con ella, y los habitantes de la tierra están «intoxicados» con sus adulterios. A menudo en las Escrituras, el adulterio es usado como una metáfora de la idolatría y de la infidelidad espiritual (por ejemplo, Éxodo 34:16; Ezequiel 6:9). Parece que la ramera de Babilonia es la culminación de todos los sistemas religiosos falsos a lo largo de la historia. El hecho de que ella esté «ebria de la sangre de los santos» (Apocalipsis 17:6), muestra su odio de la verdadera y pura religión, y su horrible desaparición muestra el odio de Dios hacia una religión falsa e impía (versículos 16-17).

Lamento por Babilonia

(Ap 18:9-10) «Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!»

1. Los reyes de la tierra hacen lamento

Los primeros en lamentar la caída de Babilonia son «los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites». Probablemente se refiera a otros reyes diferentes a los que vemos en (Ap 17:12,16). Se trataría de sus amantes (Ap 17:2).
Todos estos se colocan «lejos por el temor de su tormento». Les preocupa que ellos mismos pudieran sufrir el mismo castigo.
Notemos también que su destrucción será por fuego, de ahí que se mencione «el humo de su incendio». Aunque no será esta la única causa. Recordemos:
(Ap 16:18) «Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.»
Todos ellos se lamentarán «diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!». Sin embargo, su lamento no contiene absolutamente nada de arrepentimiento.

2. Los mercaderes hacen lamento

(Ap 18:11-19) «Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres. Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás. Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando, y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas! Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos; y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad? Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!»
Los siguientes en lamentar la caída de Babilonia son los mercaderes. Su dolor es provocado por la pérdida financiera que sufren, «porque ninguno compra más sus mercaderías». Una vez más sus lágrimas no tienen nada que ver con el arrepentimiento por sus pecados, sino porque han perdido su fuente de ingresos económicos.
Entre las mercaderías con las que negociaban, la mayoría eran artículos de lujo, pero también había alimentos, ganado y esclavos. En todo caso, describen una sociedad que vivía en el lujo y la opulencia, despreocupada por completo de los pobres. Nos llama la atención la mención de los esclavos como un producto más de las mercaderías de la lista.
Evidentemente, una sociedad apartada de Dios y construida sobre el orgullo, el lujo, el desenfreno y la falta de respeto por la vida humana está bajo la justa condenación de Dios.
Babilonia nunca más volvería a ver estas cosas: «Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás».
Y los mercaderes, al igual que los reyes, «se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando». Temen que les alcance algo de la desgracia que había caído sobre Babilonia, y en su hora final, ellos también la dejan sola.
Pero a diferencia de los reyes que en sus lamentos hicieron notar la fuerza de Babilonia (Ap 18:10), los mercaderes se refieren a la riqueza de su vestimenta: «¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!».
Y una vez más son conmovidos por lo repentino de su total destrucción. ¡Tantos años acumulando riquezas con afán y trabajo para ser destruidos en un momento! Nos recuerda necesariamente al hombre rico del que habló el Señor Jesucristo (Lc 12:16-20).

3. Los marineros hacen lamentación

Y por último, son los marineros que trabajaban transportando estas mercaderías quienes también hacen lamentación por la caída de Babilonia: «Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos; y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?».
Debemos pensar que Babilonia no sólo era un importante centro religioso, político y económico, también era un floreciente centro de distribución. Por eso se lamentan los marineros, porque con la destrucción de Babilonia habrá desaparecido también todo el comercio que tantas riquezas les reportaba. Ellos habían olvidado el valor variable que tienen todas las cosas en este mundo. Habría sido mucho mejor haber considerado invertir en las cosas celestiales que son eternas e inamovibles.
Así que ellos lamentaron haciendo notar lo incomparable que era aquella ciudad: «¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?». Y una vez más se subraya que fue destruida en una sola hora.

Alegría en el cielo

(Ap 18:20) «Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.»
En contraste con las lamentaciones anteriores, ahora escuchamos una voz de júbilo. Es un clamor de alegría porque finalmente la justicia ha vencido.
Quienes se alegran son aquellos que antes habían sufrido la persecución y muerte de parte de la gran Babilonia. Ellos habían clamado pidiendo justicia (Ap 6:9-11), y ahora ven contestadas sus peticiones. Una nota de alegría similar la encontramos en (Jer 51:48) cuando el profeta anunció la caída de la antigua Babilonia.
Aunque puede que a algunos no les guste, esto será una demostración del justo juicio de Dios:
(2 Ts 1:5-6) «Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. Por es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan.»

Destrucción final de Babilonia

(Ap 18:21-23) «Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti»
La descripción de su destrucción comienza con una acción simbólica de parte de un ángel poderoso que «tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada». Esto nos recuerda a lo que siglos atrás había hecho el profeta Jeremías:
(Jer 51:60-64) «Escribió, pues, Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre Babilonia, todas las palabras que están escritas contra Babilonia. Y dijo Jeremías a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, y veas y leas todas estas cosas, dirás: Oh Jehová, tú has dicho contra este lugar que lo habías de destruir, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para siempre ha de ser asolado. Y cuando acabes de leer este libro, le atarás una piedra, y lo echarás en medio del Eufrates, y dirás: Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella; y serán rendidos. Hasta aquí son las palabras de Jeremías.»
Podemos estar seguros de que si la Palabra del Señor anunciada por Jeremías se cumplió con total exactitud, lo mismo ocurrirá con este anuncio que encontramos en Apocalipsis.
A continuación encontramos una lista de las cosas que nunca más se volverán a ver en ella: «Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti».
En resumen, podríamos decir que se acabará para siempre la diversión, el trabajo y la familia. Sólo quedará una densa oscuridad.
(Ap 18:23-24) «Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.»
Por último, se dan tres razones para el castigo de Babilonia:
«Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra». Habían vivido desenfrenadamente rindiendo culto a la riqueza y el lujo dando la espalda a Dios. Y estos mercaderes eran en gran medida los responsables de que esta nefasta influencia se extendiera por todo el mundo.
«Por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones». Babilonia había ejercido una influencia diabólica sobre todas las naciones. Era la sede de religiones satánicas con las que había conquistado a las naciones. Es paradójico que una sociedad materialista se vuelque en el ocultismo, pero así ocurre también en nuestro tiempo.
«En ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra». Había perseguido y dado muerte a los santos.

¿Cuál es la nueva Jerusalén?

La nueva Jerusalén, que también es llamada el tabernáculo de Dios, la ciudad santa, la ciudad de Dios, la ciudad celestial, la ciudad cuadrangular y la Jerusalén celestial, es, literalmente, el cielo en la tierra. Es mencionada en la biblia en varios lugares (Gálatas 4:26; Hebreos 11:10; 12:22-24; 13:14), pero se describe con todo detalle en Apocalipsis 21.

En Apocalipsis 21, la historia del hombre ha llegado a su fin. De todas las edades han venido y se han ido. Cristo ha reunido a su iglesia en el arrebatamiento (1 Tesalonicenses 4:15-17). La tribulación ha pasado (Apocalipsis 6-18). La batalla de Armagedón se ha peleado y nuestro Señor Jesucristo la ha ganado (Apocalipsis 19:17-21). Satanás ha sido encadenado durante los 1,000 años del reinado de Cristo sobre la tierra (Apocalipsis 20:1-3). Se ha establecido un nuevo templo glorioso en Jerusalén (Ezequiel 40-48). La última rebelión contra Dios ha sido anulada, y Satanás ha recibido su justo castigo, una eternidad en el lago de fuego (Apocalipsis 20:7-10.) El juicio del gran trono blanco ha tomado su lugar, y la humanidad ha sido juzgada (Apocalipsis 20:11-15).

En Apocalipsis 21:1 Dios hace una transformación completa del cielo y de la tierra (Isaías 65:17; 2 Pedro 3:12-13). El nuevo cielo y la nueva tierra son lo que algunos llaman el «estado eterno» y será «donde mora la justicia» (2 Pedro 3:13). Después de la re-creación, Dios revela la nueva Jerusalén. Juan echa un vistazo en su visión: «la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido» (Apocalipsis 21:2). Esta es la ciudad que Abraham vio en fe (Hebreos 11:10). Es el lugar donde Dios habitará con su pueblo para siempre (Apocalipsis 21:3). Las lágrimas de los habitantes de esta ciudad se enjugarán (Apocalipsis 21:4).

La nueva Jerusalén será increíblemente enorme. Juan registra que la ciudad tiene casi 1.400 millas de largo, y su longitud es igual a su anchura, y su altura igual a su longitud, en otras palabras un cubo perfecto (Apocalipsis 21:15-17). La ciudad también será deslumbrante en todo aspecto. Es iluminada por la gloria de Dios (Apocalipsis 21:23). Sus doce cimientos llevan los nombres de los doce apóstoles, «están decorados con todo tipo de piedras preciosas» (Apocalipsis 21:19-20). Tiene doce puertas, y cada una es una perla, con los nombres de las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:12, 21). La calle será hecha de oro puro (Apocalipsis 21:21).

La nueva Jerusalén será un lugar de bendición inimaginable. La maldición de la primera tierra habrá desaparecido (Apocalipsis 22:3). En la ciudad estará el árbol de la vida «para la sanidad de las naciones», y el río de la vida (Apocalipsis 22:1-2). Es el lugar del cual habló Pablo: «para mostrar [Dios] en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Efesios 2:7). La nueva Jerusalén es el cumplimiento definitivo de todas las promesas de Dios. La nueva Jerusalén es la bondad de Dios manifestada plenamente.

¿Quiénes son los residentes de la nueva Jerusalén? El padre y el cordero están allí (Apocalipsis 21:22). Los ángeles están a las puertas (Apocalipsis 21:12). Pero la ciudad se llenará con los hijos redimidos de Dios. La nueva Jerusalén es la lucha justa contra la perversa Babilonia (Apocalipsis 17), destruida por el juicio de Dios (Apocalipsis 18). Los malvados tenían su ciudad, y Dios tiene la suya. ¿A qué ciudad usted pertenece? ¿Babilonia la grande o la nueva Jerusalén? Si usted cree que Jesús, el hijo de Dios, murió y resucitó, y le ha pedido a Dios que lo salve por su gracia, entonces usted es un ciudadano de la nueva Jerusalén. «Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efesios 2:6). Usted tiene «una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible» (1 Pedro 1:4). Si aún no ha confiado en Cristo como su salvador, entonces le instamos a recibirlo. La invitación se extiende: «Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Apocalipsis 22:17).