Jesús no solo quiso venir, sino que lo hizo por amor y obediencia al plan eterno del Padre. Aún cuando no lo sabíamos, Él vino porque lo necesitábamos desesperadamente.
Dios vio Su imagen distorsionada en nosotros, nuestra necesidad desesperada de salvación, nuestro potencial transformado en Cristo y nuestro inmenso valor basado en Su amor.
A pesar de nuestra condición caída, Dios nos vio como Su creación amada, Su tesoro perdido y el motivo de Su plan eterno de redención.
Si Dios te valoró tanto como para dar a Jesús, Piensa en esto: ¿cómo puedes valorar más a los demás y a ti mismo?

I. Creación: Fuimos hechos a Su imagen y semejanza
- Respaldo Bíblico:
- Génesis 1:26-27: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.»
- Salmo 8:4-5: «¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…? Lo coronaste de gloria y de honra.»
- Análisis:
- Desde la creación, Dios hizo al ser humano con un valor intrínseco. Ser portadores de Su imagen nos da dignidad y propósito.
- Aunque el pecado distorsionó esa imagen, no la destruyó. Dios sigue viendo en nosotros algo digno de redimir.
- Aplicación:
Entender que fuimos creados a imagen de Dios nos recuerda que no somos un accidente. Nuestra vida tiene valor porque refleja al Creador.
II. La caída: Nos vio en nuestra condición perdida
- Respaldo Bíblico:
- Romanos 3:23: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.»
- Isaías 53:6: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas…»
- Análisis:
- Dios no ignoró nuestra rebeldía ni minimizó nuestra culpa. Vio la profundidad de nuestra separación y nuestra incapacidad de salvarnos a nosotros mismos.
- A pesar de nuestra condición pecaminosa, Su amor fue más grande que nuestro pecado.
- Aplicación:
Aunque fallamos, debemos recordar que Dios nos ama no por lo que hacemos, sino porque somos Suyos. Él no nos rechaza, sino que busca rescatarnos.
III. El plan: Nos vio como dignos de redención
- Respaldo Bíblico:
- Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo…»
- Romanos 5:8: «Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»
- Análisis:
- Dios vio nuestra condición y tomó la iniciativa. Su amor es incondicional; no se basa en nuestro mérito, sino en Su carácter.
- Cristo vino porque Dios nos valoró tanto que estuvo dispuesto a pagar el precio más alto: Su propio Hijo.
- Aplicación:
Si Dios te valoró tanto como para enviar a Jesús, ¿cómo no vas a valorar tu vida y la de otros? Vivamos con gratitud y propósito.
IV. La misión de Jesús: Nos vio como Su mayor tesoro
- Respaldo Bíblico:
- Lucas 19:10: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.»
- Mateo 13:45-46: La parábola de la perla de gran precio: el comerciante vende todo para obtenerla.
- Análisis:
- Jesús vio en nosotros un tesoro perdido que valía la pena rescatar, aunque costara Su vida.
- Su sacrificio no solo paga nuestra deuda, sino que restaura nuestra relación con Dios.
- Aplicación:
Reconoce que para Dios, eres Su perla preciosa. Vive con la seguridad de que tienes un valor eterno.
V. Nuestra respuesta: Vales tanto que ahora puedes vivir para Su gloria
- Respaldo Bíblico:
- 1 Corintios 6:19-20: «Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.»
- Efesios 2:10: «Creados en Cristo Jesús para buenas obras…»
- Análisis:
- Si valemos tanto para Dios, nuestra vida no debe ser desperdiciada. Fuimos rescatados para vivir con propósito y para reflejar Su amor a otros.
- Entender nuestro valor nos libera de la auto-rechazo, la inseguridad y las cadenas del pecado.
- Aplicación:
Vive como alguien que ha sido comprado por el precio más alto. Tu vida importa para Dios y para Su Reino.
Conclusión: En verdad que sí… ¡Vales todo para Dios!
- A pesar de nuestra condición caída, Dios nos vio como Su creación amada, Su tesoro perdido y el motivo de Su plan eterno de redención.
- Pregunta Reflexiva: Si Dios te valoró tanto como para dar a Jesús, ¿cómo puedes valorar más a los demás y a ti mismo?
Ilustración: Piensa en alguien que recupera un objeto invaluable perdido. Aunque estaba sucio o dañado, su valor no cambió. Así te ve Dios: digno de ser buscado, rescatado y restaurado.