¿Como evitar el dolor en el matrimonio?

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1/4 – DIOS nunca se equivoca y determino que «…no es bueno que el hombre esté solo…»
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2/4 – DIOS no diseño el divorcio, la unión conyugal es «…hasta que la muerte los separe…»
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3/4 – Hay un rol para cada uno de la pareja, para lograr un mismo propósito
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4/4 – CRISTO la cabeza de todo varón, el varón la cabeza de la mujer y DIOS la cabeza de CRISTO
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El matrimonio fue hecho en el cielo. Todo empezó en el paraíso. Dios vio que la soledad del hombre no era buena, por lo que le hizo una «ayuda idónea». Y cuando le trajo la mujer, se inició la primera relación conyugal.

Cuando Dios instituyó el matrimonio formó una relación para toda la vida que había de encontrar su fortaleza y duración en Él. Con el tiempo usó la sabiduría de su Palabra para enseñar a los esposos y las esposas cómo ser amigos de sus cónyuges.

Nuestra responsabilidad es construir un matrimonio con:

1. Un compromiso de por vida
2. Un mismo propósito
3. Fidelidad en todo
4. Cada uno su rol
5. Amor sin reservas
6. Sometimiento mutuo
7. Plenitud sexual
8. No ocultar nada
9. Respeto entre los dos
10. Buscan juntos a DIOS

Lo que dicen algunos

10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

1 Corintios 7:10-11

«Yo me salgo de esto. Esta no es la persona con quien pensé que me casaba. La vida es demasiado corta para todo este dolor. Ya no somos buenos el uno para el otro».

«Lo hemos intentado todo. Parece que nada resulta. Él insiste en que todo sea como él quiere. Es inútil. Lo único que queda es separarnos».

«Estamos en el tercer milenio. El matrimonio no significa lo que significaba antes. Mucha gente ya ni siquiera se molesta en celebrar la ceremonia. Lo pruebas, y si no va bien, lo dejas. No hay razón para ponerse moralista».

«No hay más que mirar el elevado porcentaje de divorcios. Todos se divorcian, hasta cristianos destacados. ¿Por qué debo yo sufrir por causa de un matrimonio malo? No tengo ninguna necesidad de ser la excepción».

«Nuestro matrimonio necesita emoción. Estamos demasiado acostumbrados el uno al otro. Quizás si tuviera una aventura amorosa volvería la chispa a nuestro matrimonio».

«Hemos ido de consejero en consejero. No sé ni cuánto dinero hemos gastado. Incluso fuimos a ver a un predicador. Alguien debe tener la fórmula adecuada para nuestro caso. Supongo que tendremos que seguir buscando».

¿El conflicto siempre es algo malo?

¿Si una pareja no experimenta el conflicto, debemos suponer que su relación es mejor? ¡No! El conflicto no
se puede clasificar automáticamente como algo bueno o malo. Todo depende de la manera en la que solucionan
el conflicto. El conflicto sano resulta en “luz” mientras que el conflicto dañino solo produce “calor” Es posible
que uno de los dos tenga que reprender al otro en una manera amorosa, o tal vez señalar algún area en la que
necesita mejorar. Por ejemplo, “Cariño, me parece que últimamente no has pasado mucho tiempo leyendo la
Biblia.” Sin embargo, el conflicto destructivo causa división y daña su relación.

A veces las parejas se preocupan, pensando que si llegan a tener un conflicto esto significa que su matrimonio no anda bien. Por supuesto, todos preferiríamos no experimentar ningún conflicto dentro de nuestro matrimonio,
pero en realidad, el conflicto ocasional le brinda a la pareja la oportunidad de trabajar en equipo, de aprender el
uno del otro, y de amarse mutuamente. Aunque parezca una contradicción, el que una pareja no experimente
ningún conflicto bien pudiera indicar que como pareja están evadiendo asuntos que necesitan tratar. Lo ideal
es que se esfuerzen por llevar una relación con el menor grado de conflicto posible. Al mismo tiempo, dense
cuenta de que cuando surjan conflictos podrán encontrar formas de resolverlos de tal manera que fortalezcan su
matrimonio.

1. Un compromiso de por vida

Las Escrituras enseñan que el ideal de Dios para el matrimonio es un hombre y una mujer de por vida. Con este compromiso en mente, el Señor Jesús dijo:

El, respondiendo, les dijo:
¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Mateo 19:4-6).
Luego, respondiendo a una pregunta sobre el divorcio, Jesús prosiguió: El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera (vv.8,9).

2. Un mismo propósito

El hombre ya no vive para sí ni tampoco la mujer. Hay ahora una nueva unión, una nueva familia, una nueva unidad.
Adán expresó esa identidad compartida cuando Dios le trajo la mujer:
Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada (Génesis 2:23).
El próximo versículo concluye diciendo: «serán una sola carne» (v.24).
Pero no siempre es fácil poner en práctica esa unidad en la vida diaria.
Los dos son uno. Aunque sean distintas personas con inmensas diferencias, han acordado caminar por la vida como uno. Comparten una misma identidad.

3. Fidelidad en todo

Deben ser fieles el uno al otro. La Biblia no admite vacilaciones en esta cuestión. El hombre debe ser fiel a su mujer y la mujer a él.
El escritor de Proverbios advierte:
¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen? Así es el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune ninguno que la tocare 6:27-29).
Para nuestro bien y honra de Dios, el adulterio está estrictamente prohibido en la Biblia. El séptimo mandamiento promulgado en el Sinaí fue: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14). Jesús mencionó este mandamiento en su conversación con el joven rico (Mateo 19:18).
Y Pablo mencionó el adulterio en su lista de los pecados de la carne (Gálatas 5:19).

4. Cada uno su rol

A la esposa se le dice que por cuanto ella tiene los mismos derechos que su marido, no tiene que someterse a nadie. Se está aplicando presión al marido para que cuide de sí mismo y no se ocupe de ella.

El papel del marido. La Biblia dice que el marido es la cabeza de la mujer.
Pablo escribió: Pero quiero que sepáis que… el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo (1 Corintios 11:3). Porque el marido es cabeza de la mujer… (Efesios 5:23).

El papel de la mujer. A la mujer se le instruye en la Biblia a someterse al liderazgo de su marido reflexiva y sabiamente: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor (Efesios 5:22; Colosenses 3:18). Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros Maridos… (1 Pedro 3:1). Que enseñen a las mujeres jóvenes a… ser… sujetas a sus maridos… (Tito 2:4,5).

5. Amor sin reservas

El quinto componente para construir un matrimonio sólido es el amor: un amor genuino, sincero, a toda prueba, hasta que la muerte los separe. Marido y mujer deben amarse con un amor sin reservas que los lleve a honrarse el uno al otro, a estimarse el uno al otro, a considerar el bienestar del otro antes que el propio, y a mantenerse al lado del otro a través de los altibajos de toda vida matrimonial.
Al marido se le ordena específicamente en la Biblia que ame a su mujer. Pablo lo dijo sucintamente en Colosenses 3:19:
«Maridos, amad a vuestras mujeres…» (véase también Efesios 5:25).
La mujer también debe amar a su marido. Recordará, por ejemplo, que a las ancianas de Creta se les mandó que enseñasen a las mujeres jóvenes «a amar a sus maridos» (Tito 2:4).

6. Sometimiento mutuo

Algunos intérpretes de la Biblia han dado mucha importancia al hecho de que la Biblia dice a las esposas que se sometan a sus maridos. Sin embargo, al hacer hincapié en la responsabilidad de la mujer no ven que el pasaje de Efesios 5 está precedido por las siguientes importantes palabras: No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.… Someteos unos a otros en el temor de Dios (Efesios 5:18,21).

La sumisión y el amor van de la mano. Sabemos que Dios es amor, pero ¿cómo sabemos que Él nos ama? Porque con gran humildad y sumisión, Cristo fue a la cruz (Filipenses 2:5-8).
En un matrimonio cristiano, el marido y la mujer, por cuanto aman a Dios, se someten a Su voluntad. Están en el proceso de negarse a sí mismos y someterse a Dios así como el uno al otro. Tener «la mente de Cristo» produce la sumisión mutua. Aunque existen incontables maneras de expresar esta actitud, al menos significa que:

  • El matrimonio es un tomar y dar, no sólo tomar.
  • A menudo es difícil.
  • El matrimonio es elevarse por encima del ensimismamiento.
  • El matrimonio es ser siervo.
  • El matrimonio es darse cuenta cuándo se debe ceder por amor.
  • El matrimonio es ayudar cuando ella está cansada.
  • El matrimonio es que a uno le importe el dolor del otro.


7. Plenitud sexual

En el paradisíaco huerto donde todo comenzó, Adán y Eva compartían una maravillosa intimidad: «Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban» (Génesis 2:25). Además,

8. No ocultar nada

Cristo es el gran Comunicador. Él es la Palabra viva de Dios (Juan 1:1-4). Vino para revelar a Dios por palabra y ejemplo.
¿Cómo puede aplicarse al matrimonio el ejemplo de comunicación de Cristo con la Iglesia?
• Los maridos deben hablar con sus mujeres.
• Las mujeres deben hablar con sus maridos.
• Ambos deben sentirse en la libertad de responder sinceramente.
• Cada problema debe tratarse a fondo.
• Se debe dar valor a las oportunidades de hablar. Sin una comunicación abierta será difícil que el matrimonio tenga éxito.

Cristo es la cabeza. Colosenses 1:18 dice que Cristo es «la cabeza del cuerpo que es la iglesia».
El hombre, como cabeza de la casa, debe comunicarse con su esposa. Y ella, a su vez, debe sentirse en la libertad de comunicarse con él.

9. Respeto entre los dos

A veces los cónyuges muestran una doble personalidad. En público son considerados, perdonadores, pacientes y dulces. Pero una vez se encuentran en su propio hogar, se ponen de mal genio, son ásperos e implacables. A sus parejas les gustaría que los trataran de la manera en que tratan a los demás.
En Efesios 4:31,32 el apóstol Pablo escribió: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

  1. «Vivid con ellas sabiamente». Es decir: «Conoced a vuestra mujer bien de manera que podáis respetar sus sentimientos».
    Esa debe ser la meta del marido. Debe saber qué la complace y qué la consuela,
  2. «Dando honor a la mujer como a vaso más frágil».
  3. «Como a coherederas de la gracia de la vida»

10. Buscan juntos a DIOS

¡Qué diferencia cuando un matrimonio está formado por un marido piadoso y una mujer entregada! Hablando a los maridos acerca de sus mujeres
Pablo dijo: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos… (Efesios 5:25-28).

Algunas de las cualidades presentes en una relación conyugal en la que marido y mujer son compañeros espirituales son:
• Adoran al mismo Dios.
• Ambos procuran hacer la voluntad de Dios.
• Ambos rinden cuentas a Cristo.
• Crían juntos a sus hijos.
• Oran el uno por el otro.
• Se exhortan el uno al otro en la fe.

A medida que el marido y la mujer se acerquen más al Señor por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la comunión y la sumisión a Cristo, también se acercarán más el uno al otro.