Cultiva tu propio aceite

Objetivos

  • Comprender que debemos actuar
  • Comprender que depende de cada uno de nosotros, alimentar el Espíritu
    • Biblia
    • Oración
    • Servicio

Parábola de las diez vírgenes

1 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. 10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.

Mateo 25:1-13

INTRODUCCION

LA PARABOLA DE LAS DIEZ VIRGENES es una exhortación a estar vigilantes ante el regreso de Jesucristo en gloria.

Nadie sabe la hora de su regreso, es urgente velar y ser prudentes estando preparados.

Los capítulos 24 y 25 son llamados el apocalipsis de Mateo, dado que se ocupan de las palabras de Jesús sobre los tiempos finales, las señales de su regreso y la actitud que debe guardar la iglesia ante tales acontecimientos.

Si el capitulo anterior es un llamado para estar en guardia ante la aparición de falsos maestros, el capitulo 25 es palabra de exhortación a permanecer en fidelidad.

El peligro no admite confusión, hay que cuidarse de caer en la insensatez de la infidelidad y el descuido de la vida espiritual.

Lo que la iglesia no debe hacer

Israel cayó en desobediencia largos períodos de su historia, situación que era explicada desde diferentes perspectivas: debilidad militar, crisis económica, mal gobierno, etc., pero la Palabra de Dios tenía su propio juicio:

En estos días (los de los jueces) no había rey en Israel; cada uno hacia lo que bien le parecía

Jueces 21:25

¿Cuál es el comportamiento de los hijos de Dios, del nuevo Israel, en el tiempo de espera del regreso de Cristo?

La parábola de las diez vírgenes nos muestra dos tipos de comportamiento: el insensato y el prudente.

  • La insensatez espiritual,
  • la falta de sentido se caracteriza por el abandono de la tarea que Jesucristo encomendó a su pueblo.

Las vírgenes insensatas son señaladas por su falta de apercibimiento para esperar la llegada del novio. No han preparado el aceite para pasar la noche en vela y la llegada del novio sorprende. Su falta de razón es clara: si no saben la hora en que el novio va a llegar ¿Cómo es que no se prepararon para su espera? La incertidumbre ha de dar lugar a la prudente y necesaria preparación: no al descuido insensato.

Hoy vivimos en la hora penúltima un tiempo de espera. Las señales de la venida de Cristo ya se han estado cumpliendo. Es tiempo para estar preparados para su regreso.

La insensatez de la iglesia es también caer en la indolencia del descuido y el estar ocupados en lo importante pero no en lo urgente, en lo secundario y no en lo prioritario.

Cristo vendrá en la hora que el Padre lo disponga, su venida es clara promesa en la Palabra. Su tardanza es el espacio de tiempo que Dios nos ha concedido para proclamar la palabra, hacer discípulos por todas las naciones. Es tiempo de cumplir la misión, de hacerlo con un ritmo acelerado, sin indolencia y sin soslayar lo prioritario. Caer en el descuido es falto de sentido que tiene claras consecuencias.

El velar es actitud y acción

La exhortación a velar no es una palabra que señala una actitud pasiva de espera, sino una exhortación a traducir la espera en acción misionera.

¿Qué actitud espera el Señor de los suyos?

La prudencia que es preparación para su venida. Así como la mujer prudente sabe estar prevenida para tiempos de crisis, especialmente lista con doble ropa para el frio, el cristiano sabe que la venida de Cristo le urge a estar preparado, velando y traduciendo su fe en hechos de trasformación de su propio entorno y de su realidad en el poder del Espíritu.

Velar es permanecer fieles al Señor.

La insensatez es ocuparse en otras tareas o caer en la indolencia del descuido. Debemos entenderlo, velar no es una actitud pasiva de espera, sino permanecer fieles a Cristo Jesús, nuestro Señor en medio de asechanzas del tiempo final. Por ello es que la Escritura usa como sinónimos los términos cristiano y fiel. Ser cristiano es ser fiel, ser fiel es ser cristiano (Efesios 1:1) A los infieles el Señor les dice: “Apartaos de mí, no os conozco”.

Si el descuido de la vida cristiana es imprudencia de graves consecuencias, el cultivo de la fidelidad espiritual es contenido de la tarea del discipulado. Ser cristiano es ser discípulo, es traducir el mensaje a la vida, es trasformar las palabras en hechos, es traducir una lección en acción. Por ello, velar es actuar, es actuar en consecuencia con el Señor que nos ha llamado a ser como él es. Sólo una cosa nos ayuda a permanecer fieles, la relación que el discípulo establece con su Maestro, no sólo una relación de enseñanza –aprendizaje, sino una relación de amor. Jesús dijo: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado, permaneced en mi amor”. Y el apóstol Juan en consonancia con su Maestro nos enseño:

Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio

2 Juan 6

Es decir, amar a Jesús es ser fieles a sus mandamientos, traducirlos en hechos concretos.

Quien se prepara para la venida de Cristo en su fidelidad activa sabe que de él recibirá una gran recompensa, la recompensa de estar juntos por la eternidad con su maestro y señor y que recibirá palabras de aliento de quien reconocerá la integridad de su vida. (Mateo 25:21-23)

21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21-23

Los discípulos participarán del reino de su Señor, los cristianos seremos partícipes de la consumación de la salvación. Es la esperanza que ha de alentar nuestra fidelidad.

¡Que mayor aspiración de nuestro corazón que permanecer fieles a quien siempre nos ha sido fiel! Y que mayor aspiración que traducir nuestra fidelidad en los hechos que él demandó de nosotros, especialmente en los últimos tiempos, en los que se requiere fe y paciencia, porque los días son malos y la fe de muchos se enfría ( Apocalipsis 14:12).

12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

Apocalipsis 14:12

Hay que ser fieles en el cumplimiento de nuestros quehaceres; al evangelizar, compartiendo las buenas nuevas de salvación; al sembrar iglesias, con el poder y la espada del Espíritu, que es la Palabra; al educar, sabiendo que han recibido ese don y al servir a la comunidad, reconociendo que hemos de hacerlo como al Señor y no a los hombres.

Hay que superar la debilidad

A estas alturas alguien podría encontrar Palabra a su necesidad de superar la debilidad, a ser fiel en medio de la abulia y el desinterés, el descuido.

Tres disciplinas básicas de nuestra vida cristiana, el velar en oración, la permanencia en la Palabra y el compañerismo (1 Pedro 5:8)

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

1 Pedro 5:8

Porque Jesús nos enseño a orar; “no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal”; y el apóstol San Pedro nos advierte que hemos de ser sobrios y velar, porque el adversario anda como león rugiente. La oración, la lectura y la aplicación de la palabra y el compañerismo fraternal son tareas diarias que no debemos descuidar, es fuerza que nos impele a cumplir la misión en todo momento y en todo lugar. No debemos olvidarlo, velar es actuar y hacerlo en dimensión de nuestra tarea.

Hay que estar preparados. Amén.